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Se escaparon las palabras,
es aquello mediocre
la muralla de nudos en la espalda,
de nudos en el pecho.
El cemento que impide hundirse en el propio hueco;
y desbordar de la frente,
de los ojos mares a la belleza,
y elevar en vuelo,
con el ideal arrancado,
yendo de nuestra mano para surgir.
Lo real siempre está;
pero es el sueño el que mantiene la inmortalidad.
Que no se vallan las letras
ni esta música tan volada, tan alta, tan fuerte,
ni estos bailarines, ni estas fantasías.
Que no se valla esta fuerza,
tan etérea, tan bella,
que la vida se queda pobre
sin la propia poesía;
esa que sale por las pupilas,
también por las lenguas.
Esa en soledad.
Hace falta un espacio de campo, de mar;
hace falta esta música.
Hace falta este llanto para limpiar,
para desatar, para sacar la muralla,
para desbordar,
para ir a la deriva, para delirar,
en una búsqueda de fuego de vivir
y aprender a cantar.
Si ya sé sentir
aprender a derramar;
aunque un velero pueda naufragar,
encontrar muchas tierras,
muchos mitos, estrellas,
muchos bailarines, muchos poetas,
muchos hombres creando en el cielo y el mar.
Aunque naufrague,
porque también mis velas pueden naufragar,
y no hablo de muerte orgánica,
de mediocridad.
Pero que por efecto de inercia
quede la energía en movimiento.
¡Vamos a empezar de nuevo!
Con la forma impalpable de mi cuerpo
bailando en la superficie del agua
expandida hacia el plexo solar.