Y así como Mahoma
él prefirió esperar al horizonte
antes que ir a buscarlo.
Pero siempre que llega pasa inadvertido;
no existe el horizonte si no es en los ojos;
para nosotros es infinito.
Para recibirlo se puso a pescar,
adornó su casa, crecieron lirios,
frente a la planta de albahaca, una parra,
una higuera entre el matorral.
Pasaron los años,
temblaron sus pies hasta tambalear,
así cayó, nariz al piso.
Sus ojos fijos en la tierra seca
entonces tan desencontrada,
secados sus lirios, y entonces se dio cuenta;
no aprendió a caminar.
Fue muy fuerte la caída,
y en su invalidez
de sus recuerdos vivía:
de su pesca, de sus plantas a sembrar.
Y todo sin verlo,viviendo delirios.
Todo sin disfrutar,
sin vivir, sin accionar,
por el mañana;
el que nunca sintió llegar,
al que nunca sintió llegar.
Comentarios recientes