Todo es absoluta alegría. Recompensa del aire, de la fuerza del sentir magnánimamente sin miedo alguno, del reinventarme cada vez, reconociendo cada vez más lo que me interesa realmente y me hace bien.
Acicalándome en el cielo y en la tierra, con todo mi ser emergiendo de luz; con mis joyas carnales y mi piel marítima, mis ojos juglarescos y mis palabras soleadas.
Es inmenso el poder que hay en las raíces sepultadas que alimentan la sintaxis del tiempo y el espacio en su pictórica noche mineral.
Es conmovedor este asilo del corazón, un río caudaloso y una pradera fértil; la amistad atesorada en la tierra, el trabajo como el agua removiendo la arena, y el amor como un relámpago desafiante de tormenta.
Todo continúa naciendo…una y otra vez, en las fronteras y en el centro de la vida.
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