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En tu íntima introversión
ya estás en la efervescencia
del sin sentido de la vida.
Circunspecto en tu saco tibio
ya estás latiendo vibrante
completamente ajeno a lo que pasa afuera.
En tu atmósfera anidante
te estás construyendo en un sinnúmero de partículas
desplegándose incesante.